Me llamo Pepe. Sevillano de nacimiento, madrileño por condena, divorciado por méritos propios.

Tengo 42 años y dos hijos que me miran como a una actualización pendiente de instalar.

Mi exmujer no necesita decirme que soy un desastre. Lo piensa con tal claridad que me llega por Bluetooth.

Mi madre me envía tuppers de fritura variada sin avisar, desde Sevilla. Es su manera de decir "te quiero, y come algo".

Una noche tuve la brillante ocurrencia de volver a un chat añejo acompañado de pistachos y ron miel.

Lo sensato habría sido cerrar la pestaña, apagar el ordenador y comprobar la puerta cuatro veces como hago todas las noches antes de dormir.

Pero la sensatez y yo nos divorciamos más o menos cuando el euro irrumpió en nuestras vidas.

Hubo un momento en que mi Pepito Grillo de cabecera me dijo Pepe, no. No le hice caso. Nunca le hago caso. Las ojeras que tengo son suyas, de tanto quedarse despierto esperando a que yo haga lo correcto.

Lo que pasó después me ha costado un libro entero contarlo. Y bastante más vergüenza de la que me queda.

Terra a la Vista

Basado en hechos bochornosos.

O te ríes con Pepe, o te ríes de él.

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Los dos primeros capítulos. Gratis.